Tuesday, August 14, 2007

Ahí os dejo fotos de dos museos aeronáuticos que he visitado por aquí. Aparte de las de los aviones tambien hay algunas de gente disfrazada como soldados de la Segunda Guerra Mundial (alemanes y rusos), con sus motos, tanques y camiones. Todos andaban por allí haciendo el paripé el día que fui al museo de Oregón.
Os cuento algo más sobre la historia del avión gigante que se ve en alguna de las fotos: Resulta que los récords del mundo de avión más alto y con más envergadura (distancia de punta a punta de ala) no lo tienen ni el Airbus A380, ni el Boeing 747, ni el Antonov 225, sino un viejo trasto de los años 40 apodado 'Spruce Goose' (algo así como "ganso de madera"). Se lo encargó el ejército americano durante la Segunda Guerra Mundial a Howard Hughes, un millonario aficionado a los aviones y a las actrices de Hollywood (si habéis visto la película "El Aviador" ya sabéis de quién hablo). En aquellos años los submarinos nazis sembraban el pánico en el Atlántico, así que la idea era construir hidroaviones gigantes para llevar suministros y soldados a Inglaterra sin tener que transportarlos por barco. El problema es que el ejército le prohibió utilizar aluminio para construirlo, ya que se consideraba un material estrategico y se reservaba para usos mas importantes (en aquella epoca el aluminio era mucho mas caro y mas difícil de extraer que ahora). O sea, que Howard Hughes se lio la manta a la cabeza y puso a su equipo de ingenieros a trabajar en una estructura hecha de madera de abedul contrachapada. Pero el avion era tan grande que resultaba muy dificil conseguir que las alas fueran lo bastante resistentes y los problemas técnicos retrasaron el proyecto varios años. Tantos, que para cuando hubieron resuelto todas las complicaciones, la situación de la guerra habia mejorado ya bastante (entre otras cosas porque los aliados habían logrado descifrar el famoso código "Enigma" que utilizaban los alemanes para comunicarse con sus barcos, y los U-Boat estaban empezando a caer como chinches). El ejército estadounidense suspendió el contrato cuando el avión estaba aún sin terminar, pero H.H. era un poco cabezón y había invertido demasiado tiempo en el proyecto, así que decidió acabarlo pagándolo de su propio bolsillo. Le costó una fortuna y tuvo otro montón de problemas para poder llevarlo desde la fábrica hasta el mar (hubo que cortar miles de arboles para que las alas no rozaran con ellos durante el transporte), pero al final lo consiguió. Cuando pidió permiso para probarlo en Long Beach, California, las autoridades se lo negaron, pero como de costumbre Hughes decidió no hacer ni puñetero caso y él mismo lo pilotó durante un rato a ras del agua. Después amerizó, lo guardó en un hangar flotante y... hasta ahora. Nunca más volvió a volar y estuvo pudriéndose durante años hasta que un grupo de aficionados de Oregón lo compró, lo restauró y se lo llevó a Mc Minnville, donde se encuentra actualmente. El hecho de que sea tan grande y tan famoso y el de que solo se haya construido uno, hacía que la visita fuera obligada (se tardan casi 4 horas en coche desde Seattle, pero merece la pena). Nunca más iba a tener la oportunidad de verlo, así que hace dos fines de semana me acerqué por allí a hacer unas cuantas fotos. Ahí las tenéis.

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